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La gorda

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Ahora no es muy diferente. Las comisiones de fallas se reúnen para decidir quien es la fallera mayor. En esta decisión no solamente se considera el buen porte de la muchacha, también se tiene en cuenta que su familia pueda aguantar el tremendo gasto que lleva. Los gastos, hoy en día son terribles, para la creación de una falla y estos se procura cubrir con loterías y con las aportaciones de los falleros. Por esta razón, a una familia de pocos medios el que su hija saliera elegida fallera mayor, sería un golpe del que no se podría recuperar. Esto se soluciona, naturalmente, no presentándose a la elección. Pero si que hay otras que, por poco que puedan, la ilusión es demasiado grande y harían cualquier cosa para ser elegidas o que lo fueran sus hijas. Las triquiñuelas para conseguir que la niña sea Fallera Mayor son ahora lo mismo que hace unos años, salvo honrosas excepciones, pero la diferencia está en que entonces todo era mucho mas inocente. En la comisión de la falla había dos perso...

El cine Pompeya

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Aparte del Ribalta, en mi barrio teníamos el cine Pompeya. Este era ideal para ver películas de miedo porque se encontraba a pocos metros del cementerio, con lo que ver una película terrorífica por la noche era muy divertido porque cuando salíamos del cine, no se por que razón, la gente tenía ganas de correr los cien metros lisos y todos andábamos muy deprisa para llegar pronto a nuestra casa. El cine Pompeya era de menor categoría que el Ribalta pero tenía una característica muy peculiar... la general. Los que tenían mas dinero compraban las entradas de butacas, pero a los que no nos alcanzaba, comprabamos las entradas de general, llamadas normalmente entradas de "gallinero" porque en todos los cines era una especie de balcón por encima de las butacas de patio. En el Pompeya no. En el Pompeya eran las tres o cuatro primeras filas del cine y la primera estaba a un metro escaso de la pantalla. Yo no entiendo ahora como podíamos enterarnos de la película porque, al estar tan ce...

Los ratones músicos

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Mi abuelo era un hombre extraordinariamente mañoso. Lo recuerdo sentado en un pequeño banco de trabajo al lado de la salida a la galería. Trabajaba en casa del "calderer" y de siempre se me ha dicho que el fue uno de los que hicieron las artísticas rejas de la central del Banco de Valencias. Las vecinas le traían las llaves de sus casas para que les hiciera una copia. El las ponía en una pequeña mordaza y poco a poco, con una lima, iba reproduciendo las muescas de la llave original. ¡Y no digamos nada sobre la reparación de los culos de los cazos y sartenes!... las mujeres traían sus cacharros que, a fuerza de usarse, se habían desgastado y tenían algún agujero en el fondo. Mi abuelo cogía un soldador (que era una especie de piedra con un mango, que calentaba en el fuego) y con el estaño iba reparando el boquete. Naturalmente, con una carnicería en la planta baja y la cantidad de jaulas con conejos que había en los alrededores, la cantidad de ratas y ratones era considerable....

Los serenos

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- ¡Clac clac clac!... ¡Serenoooooo!... - ¡Vaaaaaa!... Y desde el fondo de la calle se ve aparecer al sereno, con su manojo de llaves para abrirnos la puerta del patio. Unas veces porque se nos ha olvidado coger la llave y otras porque, al pesar medio kilo cada una, preferíamos hacer uso del sereno. No llevaba pistola, ni porra, solo llevaba un manojo de llaves (una por cada patio) pero nos daba la tranquilidad de saber que en un momento tenías al sereno atendiéndote y te avisaba de cualquier anomalía que ocurriera en el barrio por la noche. ¡Cuantas veces me avisó de haberme dejado las puertas de mi primer flamante 600 abiertas!. - ¡Toc ....tocotocotoctoc!...¡Señora Fina, que Paquito se ha dejado las puertas del coche abiertas!. - Gracias Fulano!, Ahora baja a cerrarlas... Verdaderamente no hubiera hecho falta, en mi calle de Jesús no recuerdo que hayan habido robos importantes, todo lo mas algún "pescatero" en el mercadito que quizás hinchara un poquito el peso. Recuerdo una...

Servicio a domicilio

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No pensemos que el servicio a domicilio es una cosa actual. En mi calle Jesús habían muchos servicios a domicilio. Estaba el proveedor de hierba para los conejos. Mucha gente tenía jaulas en las galerías con conejos para poder comer carne mas a menudo, pero entonces no existía el pienso y una vez al día pasaba un carro con unas “garvas” (haces) de hierba para los criadores de conejos. También estaba el basurero. Normalmente era un agricultor que empleaba la basura como abono. No solo no pagábamos este servicio sino que nos hacía un regalo por navidad a cambio de darle la basura. Y no podemos olvidar al botifarrero. Teníamos la carnicera bajo de casa pero, parece ser, que las botifarras de este hombre tenían algo especial. Mi madre sabía que venía desde que entraba en la calle... -Ya está en la calle el botifarrero. -¡Pero!...¿cómo lo sabes, mamá?. -¿Es que tu no hueles las morcillas y las longanizas?. -Yo no huelo nada, pero tu pareces un perro pachón mamá. Y al cabo de un rato ya oíam...

El Petardo

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En aquellos años, las “mascletás” no eran como ahora. Cada falla ponía una tira de traca por la calle, de un extremo al otro y enganchada de los balcones y las puertas y de este modo, al encenderla por uno de los lados, la traca recorría toda la calle llenando de ruido, humo y alegría la calle y las fachadas de las fincas de manchones negros donde había explotado el petardo. Los niños solo podíamos permitirnos unas pequeñas bombitas que costaban “un chavo” (10 céntimos de pesetas) y que hacían el mismo ruido que el dejar caer una piedra mediana. También teníamos los “mixtos” de traca y las “piedras” de traca. Los “mixtos” eran como pequeñas gotas pegadas en un papel que cortábamos y al frotar el “mixto” en una superficie áspera empezaba a estallar hasta que se había consumido. Tirándolo al suelo, con cada pequeño estallido iba saltando y recorriendo la calle. La piedra era diferente, se tiraba al suelo haciéndola rodas y mientras se alejaba iba estallando en pequeñas explosiones. La pi...

El Monstruo

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Por aquellas fechas, el lugar normal de juegos era la calle. ¡Cuánto juego nos ha dado una miserable trampilla con la llave de paso del agua de la finca!... desde nuestros tesoros hasta lagartijas disecadas. Pero yo tenía la ventaja de que mi novia Mari Carmen tenía un corral y en el jugábamos mucho mejor que en la calle. Desde el veíamos las galerías de la finca y podíamos aprovechar para hacerle burla a Vicente, un chico (mayor que nosotros) , que vivía en la primera puerta... ¡Vicente, culo caliente, la botifarra y el aguardiente!. Y Vicente hacía como que se enfadaba y nos amenazaba con bajar a pegarnos una paliza que nunca se hizo realidad. Aquella tarde estábamos aburridos, ya habíamos jugado a todo e inclusive, Mari Carmen me había dejado pintar algunas de las cartulinas que le compraba su madre. Como no teníamos pinceles, masticábamos un palillo y luego pasábamos la parte masticada y húmeda por la cartulina y “milagrosamente” iban apareciendo los colores. Ante la falta de otra ...

Las trampas

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Cuando la vida te niega hasta lo mas necesario, la gente ha de sobrevivir y ha de ahorrar hasta el último céntimo. Por esta razón, en los años 50 era bastante común el hacer trampa en la luz. ¿Qué como se hacía?... muy sencillo, se cogía una fase de la línea eléctrica (entonces era de 125) y la otra se liaba en el grifo de la cocina que hacía de tierra. Y ya está, el vecino tenía luz pero no se movía el contador. Esto tenía una pega, algunas veces, cuando intentábamos abrir el grifo del agua, te quedabas pegado y aunque no era suficiente para hacerte daño, no dejaba de ser molesto. El marido de nuestra vecina la Señora Felipa, era un manitas en estos menesteres, aunque una vez, recuerdo que haciendo de gato por los tejados se cayó a la planta baja y no se mató unos dicen que de milagro y otros que lo protegió el alcohol que llevaba en el cuerpo. La cuestión es que había veces que la conversación que se podía oir en mi casa era la siguiente... ¡Carmen, tráeme un vaso de agua, por favor!...

Los Siux

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- Nosotros tenemos una banda. - ¡Va, no me lo creo!. - Si, yo soy el jefe y somos una banda de Siux, si no te lo crees una noche iremos a hacerte una visita cuando estéis cenando en la calle. - ¡Vale!. Y se alejan los dos niños haciendo como que galopan en un caballo invisible mientras se fustigan el culo para hacerse correr mas. A mi, la verdad, el que tuvieran una banda de Siux o no, nLos o me importaba gran cosa, pero el que hubiera unos niños que vinieran por mi pedazo de calle Jesús, no dejaba de hacerme ilusión. Era verano y en la pequeña isla que era mi finca en la calle, los vecinos éramos una familia y nos juntábamos para cenar cada uno con su bocadillo y su botella de agua o gaseosa. Cena de sobaquillo. Actualmente, prácticamente se ha perdido a nivel de finca, pero todavía continua en los “casals” de las Fallas. Cuando caía la tarde y el sol desaparecía, un viento fresco y suave, cargado de mil aromas de la huerta, llegaba a nuestra finca y poco a poco, los vecinos sacaban s...

Tarde aburrida

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En el aparato de radio (Luego diríamos el transistor y ahora el MP3) sonaba la música de José Luis y su guitarra...” Mariquilla bonita, graciosa chiquilla, tienes mi querer”. Mi hermana pegaba su cara al aparato para no perderse ninguno de los compases. Encima del aparato, una pequeña bailarina hawaiana de plástico que nos había regalado mi cuñado Angel, bailaba desesperadamente con las vibraciones del altavoz y en la mesa camilla mi madre pelaba tomates. Yo, jugaba en el suelo con las canicas. En el suelo de la sala de mi casa había un agujero entre los ladrillos que me servia para multitud de cosas... en el, los vaqueros de plástico se escondían para que no los descubrieran los indios, con las pequeñas figuras de animales simulaba el lago donde bebían y con las canicas, era el “gua”. La tarde del sábado transcurría monótona, sobre todo para un niño que no podía tener amigos porque alrededor de su casa solo habían unas cuantas niñas, claro que tampoco los echaba mucho a faltar porque ...

El cine Ribalta

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El cine Ribalta, el querido cine de barrio. Cuantas veces hemos visto al bueno matar al malo, cuantas veces los espadachines han cruzado sus espadas en su salón que olía a tortilla y humanidad. Ahora los niños tienen las Wii y juegos en tres dimensiones pero... todo esto ya estaba inventado y nosotros lo teníamos en el Ribaltilla. Cuando los caballos trotaban por la pradera, todo el cine trotaba, los niños saltábamos en nuestros asientos al paso del caballo y cuando el monstruo movía sus palpos viscosos, nosotros los notábamos deslizarse por debajo de nuestros asientos. Pero, no preocuparse, nunca pasaba nada porque estábamos con mamá y nunca podría pasarnos nada estando cerca de su aura protectora. Por las noches, en el Ribalta se juntaban los mil olores de las cenas que, a falta de televisión, la gente se llevaba al cine. Podías ver a Burt Lancaster en medio de la selva y entre los chillidos de los monos y los rugidos de los leones, oías él agudo sorber de la salsa de los caracoles. ...

El Coloso

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Era alto, inmenso, esbelto, era un eucaliptus bellísimo. Estaba en el patio del colegio, nos daba sombra y nuestras madres recogían sus hojas para ponerlas a hervir y perfumar la casa. ¡A cuantos niños habrá observado desde su cúpula mayestática!. Cuantos "corros del chirimbolo", cuantas veces nos habremos arrimado a el para taparnos los ojos y contar veinticinco mientras nuestros amigos se escondían. Desde la galería de mi casa parecía que ocupaba todo el horizonte y de vez en cuando nos llegaba el intenso perfume de sus hojas que competía, en invierno, con el maravilloso perfume del azahar que nos llegaba de los campos. Estaba en el colegio de las chicas, nosotros los chicos, ocupábamos otro patio y no gozábamos tan a menudo de su protectora presencia. En este colegio aprendimos a leer, yo con Don Itropio (palabra de honor que se llamaba así). Recuerdo que teníamos unos pupitres en los que había un pequeño recipiente con la tinta. Entonces, todavía no estaba de moda el bolí...

Caballo de crin plateada

Caballo de crin plateada Si paras a descansar Observarás desde el monte El fértil valle perdido Y verás, cuan sin sentido Buscando otros horizontes A sido tu cabalgar.

El Tranvieret

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Mis dos hermanas eran muy guapas. No es que yo las viera guapas, ¡eran guapas!. Yo lo sabía por la cantidad de chicos que las cortejaban. Sobre todo a la pequeña, porque la mayor, al llevarme catorce años, yo la he conocido siempre, o con su novio Angel o casada. Verdaderamente yo no recuerdo cual de mis dos hermanas le gustaba al “tranvieret”. Pero que le gustaba era un hecho ya que lo demostraba de una manera estrepitosa cuando pasaba por el frente de mi casa. Entonces, los tranvías eran básicamente unas ruedas encajadas en unos railes, la estructura del tranvía de madera y un trole con una rueda que encajaba en un tendido eléctrico que unos postes mantenían tirante sobre las vías. Había dos personas que llevaban estos vehículos, el cobrador, que estaba en la parte de atrás, que era por donde se subía y él más importante, el conductor. En realidad, la tarea del conductor era muy sencilla. Se limitaba a girar una manivela que hacía que el motor eléctrico girara a mayor o menor velocid...

El señor Bernardo

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El señor “Menano” era un zapatero remendón. Trabajaba en el piso de debajo de mi casa y su taller ocupaba la sala. Toda las propiedades de su negocio eran, una silla baja y raida, un yunque donde descansaba el zapato, unos botes de cola y clavos. Yo me acuerdo de el estando yo sentado en el suelo mirando con que celeridad se metía los clavos en la boca y después de encajar el zapato en aquella especie de yunque, ponía un poco de cola en una pieza de cuero, la pegaba al tacón del zapato y con un pequeño martillo la iba clavando rápidamente. Después, la recortaba cuidadosamente para que no sobresaliera, le ponía con un trapo un betún negro o marrón y ya tenia el zapato arreglado. El señor Bernardo tenía que ser muy pobre (Para mí era “Menano” porque todavía no hablaba bien), pero yo no me daba cuenta. Por no tener, no tenía ni estanterías y los zapatos descansaban alrededor de el en el suelo de la sala. Pero el señor Bernardo me dio algo muy importante en mi vida. Algo que me ha servido ...