El Monstruo
Por aquellas fechas, el lugar normal de juegos era la calle. ¡Cuánto juego nos ha dado una miserable trampilla con la llave de paso del agua de la finca!... desde nuestros tesoros hasta lagartijas disecadas. Pero yo tenía la ventaja de que mi novia Mari Carmen tenía un corral y en el jugábamos mucho mejor que en la calle. Desde el veíamos las galerías de la finca y podíamos aprovechar para hacerle burla a Vicente, un chico (mayor que nosotros) , que vivía en la primera puerta... ¡Vicente, culo caliente, la botifarra y el aguardiente!. Y Vicente hacía como que se enfadaba y nos amenazaba con bajar a pegarnos una paliza que nunca se hizo realidad. Aquella tarde estábamos aburridos, ya habíamos jugado a todo e inclusive, Mari Carmen me había dejado pintar algunas de las cartulinas que le compraba su madre. Como no teníamos pinceles, masticábamos un palillo y luego pasábamos la parte masticada y húmeda por la cartulina y “milagrosamente” iban apareciendo los colores. Ante la falta de otra ...